Lourdes Flores y su plan de gobierno

Dentro de 20 años mi generación recordará con nostalgia su juventud. Recordarán, que duda cabe, las incontables horas de tráfico por la avenida Abancay o Wilson en horas punta, donde un montón de gente hace esfuerzos sobrehumanos por abordar un vetusto couster que lo lleve a su casa, sin importar cuanto demore. Recordarán los celulares “perdidos” a causa de un robo al paso ejecutado hábilmente por nuestros inteligentes “amigos de lo ajeno”; incluso, habrá quienes recuerden estos episodios de su vida entre risas, ya que es realmente chistoso (en algunas ocasiones) las cosas que hacen con tal de apropiarse de algún celular o cartera. Y sobretodo se recordará a una Lima sucia y desordenada, donde todo mundo puede poner su negocio en el lugar que mejor convenga. Eso, al menos, espero recordar como algo “ya pasado”, porque sinceramente deseo que las cosas mejoren para cuando los niños de ahora vayan a la universidad o egresen de ella.

A todos estos problemas, Lourdes Flores promete un interesante plan de gobierno para dar “solución” a los grandes problemas de Lima: Transporte y seguridad. Está claro que Lima no puede cambiar de la noche a la mañana, y que seguramente al terminar su gobierno (en caso Lulú llegue a ser alcalde) las cosas no estén en el punto que los limeños desearíamos.

A continuación, las propuestas de Lourdes Flores para Lima Metropolitana:

PRIMERA PARTE // SEGUNDA PARTE // TERCERA PARTE

CUARTA PARTE // QUINTA PARTE


Degradación política: "Yo debería ser Presidente"


Siempre es interesante leer las columnas de Carlos Meléndez.

"Yo debería ser Presidente"
03 de Julio del 2010

Alfredo viaja por la Panamericana Norte en su camioneta del año y mientras contempla los resucitados valles costeños reflexiona sobre el país como si fuera su chacra: habría que hacer lo mismo en otras zonas, esto más y aquello otro. Javier entra a su despacho todas las mañanas y saluda sin sonrojarse al cálido aplauso de los ayayeros-de-un-solo-terno que pululan en los pasadizos de desgastadas oficinas estatales. Cree que tiene la mano dura, la voz fuerte y la cara de malo para gobernar un país de enclenques. Hernando reúne a 60 microempresarios "exitosos" en un telo viejo en Ancón (si realmente lo fueran no estarían con él) y piensa que por rodearse de cholos ya puede convertir el país en un reality de Pymes. Mercedes evalúa que ha salido ya tantas veces en Ellos y Ellas y que a punta de horas invertidas en salones de belleza, cirugías y gimnasios ya alcanzó el nivel de regia necesario como para que le quede bien "fit" la banda presidencial.

Estos cuatro personajes sacados de la ficción de las fiebres electorales guardan, con seguridad, parecido con cualquier aspirante a "outsider" de nuestro volátil sistema político. ¿Se ha puesto a pensar, estimado lector, lo papayita que resulta tentar el sueño de Palacio de Gobierno que ya ni siquiera se requieren de méritos reales para asumir la máxima responsabilidad política del país? ¿Se ha preguntado qué diablos ha pasado en nuestro país que no se necesita de partidos pero ya ni siquiera de un micrófono o programa de televisión para soñar con mudarse a la Plaza Mayor? ¿Cómo es posible que líderes de utilería, galanes de medio pelo, gente que no le ha ganado a nadie, se atreva siquiera a confesarse frente al espejo: "Yo debería ser Presidente"?

La teoría política nos ha enseñado que había una vez cuando las élites políticas tenían incentivos para invertir en la construcción de partidos para poder acercarse a los electores. Pero como todo cambia, en las últimas dos décadas mediáticas estas mismas élites tienen menos incentivos para hacerlo, porque pueden vincularse con el electorado prescindiendo de organizaciones intermedias, dejando la plaza vacía e invadiendo las pantallas de televisores y ordenadores. Pero en el Perú ya ni siquiera eso. Basta un improvisado, que por delirios de grandeza causados por heredar un apellido con nombre de calle o por estar rodeado de felpudinis, se cree el salvador de un país que apenas conoce por postales. La irresponsabilidad es insultante cuando se cree que en dos patadas se cocina una candidatura presidencial. La próxima vez que se miren al espejo, no deberían preguntarse si son presidenciables, sino debería darles vergüenza.

FUENTE: CORREO


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