Keiko vs PPK: ¿Por quién votar en segunda vuelta?



No se pretende bañar en elogios a tal o cual candidato, que para eso están los congresistas elegidos, la portátil y mucho alcahuete. Se pretende, en la medida de lo posible, hacer un análisis sin parecer “analisto” para unos o “desmemoriado” para otros. Entonces, la siguiente reflexión trata, en lo humanamente posible, de responder a la siguiente pregunta: ¿por quién votar en segunda vuelta?


“adiós a aquellos inútiles que han lucrado con el impuesto de todos, sin ser especialistas y sin dar resultados: me disculparán “ciertos” filósofos, sociólogos y politólogos, pues es turno del economista, del ingeniero y del constructor".
Realmente da mucha pena que algunos se sonrojen a la pregunta: ¿y por quien vas a votar? Yo, por joder, respondo: “soy fujimorista, oiga usted, es más, soy montesinista”. ¿Cuál es el roche? Desde mi punto de vista, no debería haber ninguno. Ambas opciones son válidas y hasta beneficiosas desde diferentes ángulos. PPK representa la garantía de cinco años más de exitoso modelo económico y, estoy convencido, de la modernización del Estado (es decir, adiós a aquellos inútiles que han lucrado con el impuesto de todos, sin ser especialistas y sin dar resultados: me disculparán “ciertos” filósofos, sociólogos y politólogos, pues es turno del economista, del ingeniero y del constructor). Keiko, siendo francos, tendría todo para ser buen gobierno: cuenta la historia que los romanos, en épocas de guerra o situaciones que exigían decisiones rápidas, preferían confiar en una persona con suficiente poder para hacer reformas y arreglar el desorden durante un periodo determinado (me refiero, si gustan saber más, a Lucio Quincio Cincinato, el dictador modelo, que dejó su chacra, ordenó el “país”, y luego de seis meses, volvió para la cosecha a su casa). Keiko, si se me permite la analogía, sería la versión moderna de lo que en su tiempo fue “el dictador modelo”. Con una mayoría en el congreso y su cargo de presidente, podría hacer maravillas, y si hubiera la tentación de caer en excesos, ¿para qué está la prensa, las instituciones y la propia sociedad civil? Bien haríamos en dejar los miedos y evaluar estas dos candidaturas en su justa dimensión. Hace algún tiempo escribí: “Hace falta hallar al candidato que pida más poder, aquel que plantee soluciones que, sin ser radicales, lleguen al extremo del que nadie quiere hablar" (click aqui). Hoy tenemos, aunque cueste creerlo, a dos candidatos con esas características. 

Reflexione su voto, muéstrese orgulloso de su elección y no arrugue frente a los demás. No importa si lo acusan de desmemoriado, vil, vendepatria, alienado, gringo o chino. Usted responda: cállese carajo!  

Instrucciones para combatir al fujimorismo


Antes de confabulaciones, conviene tener presente cierta reflexión sobre doña Keiko Fujimori. 

Algo que todos los zurdos y antifujimoristas debieran considerar es: ¿se puede dar la espalda al 39% de la población que votó por Keiko? ¿las marchas sirvieron de algo? ¿son los insultos la mejor manera de discutir sobre política? Los resultados hablan y son categóricos: nada de lo que han hecho ha espantado a ese “fantasma fujimorista”. Y si siguen creyendo que las marchitas han tenido algún efecto (porque seguramente van a querer hacer más, y en días laborales, para colmo), entonces estaremos de acuerdo en pensar que doña Keiko tuvo siempre más del 40% en las encuestas. Cuidado. 

A estas alturas del partido el modelo económico está a salvo y la derecha respira tranquila. A partir de ahora, al menos en mi caso, solo es cuestión de comparar planes de gobierno (esto lo digo a sabiendas que la política irá por otro lado). Esta segunda vuelta, señores, será una de las mejores de los últimos años, pues no se espantarán a los inversionistas, la economía seguirá su rumbo y la constitución permanecerá, quizá para siempre. El otro fantasma, "el fantasma del comunismo", fue felizmente espantado. ¿Hasta cuándo pensar en falsas esperanzas? ¿no bastó con Ollanta y Susana Villarán? ¿No se aprende la lección? 

Leída esta breve reflexión, ahora sí, pasemos a dar revista al modo correcto de combatir al fujimorismo: en primer lugar, habría que conseguir –importante –la venia de la Iglesia. Aunque las caras largas sobren, debemos dar por descontado que la segunda parte del partido ira por el tema de la unión civil, la corrupción, la página 11 y demás. Por lo tanto, bueno será que busquemos el favor, sincero, de un hombre honesto y religioso. A los peruanos, y aquí me incluyo (pues somos católicos o en todo caso cristianos) nos gustan las formalidades aunque a veces se nos olvide entre copas y licor.


“Las propuestas, en ese sentido, no deben ser disparatadas, aunque el público así lo merezca. Deben ser presentadas pulcramente, si es posible por un rostro que inspire respeto".
Obtenido el favor de La Iglesia, será el turno de probar con los despistados que votaban por Guzman, que luego pasaron a Barnechea y que finalmente optaron por engrosar a doña Veronika. Esa gente, que no tiene la menor idea de lo que es ser de "izquierdas” o “derechas” hay que capturarlas y, según mis cálculos, son aproximadamente entre el 10% y 15% del electarado. Suficiente para dar a ambos la victoria. Las propuestas, en ese sentido, no deben ser disparatadas, aunque el público así lo merezca. Deben ser presentadas pulcramente, si es posible por un rostro que inspire respeto, aunque el trasfondo de la propuesta sea pasarla por alto durante todo el gobierno y, finalmente, no cumplirla (¡y si la cumple mejor pues!). Imagine usted proponer la masificación del wifi en todo parque del Perú e inclusive el suministro de energía (para esos despistados que cargan la batería del celular solo al 10%). Quizá hacer efectivo el cobro del medio pasaje a 0.70 céntimos, como debiera ser y, para que le crean, prometer que todo cobro será con carnet y jamás a mano armada como suele suceder en los buses de Lima. ¿Por qué no prometer el medio pago a cines y gimnasios (en todo horario o al menos en una proporción que se note)? Las posibilidades son infinitas, oiga usted. 

Como bien puede apreciar, estimado lector, no doy una receta para combatir al fujimorismo, porque simplemente no la hay (y si la hay, difícilmente alguien la escribiría). Las cosas van a estar más reñidas de lo que se piensa y habrá que hilar muy fino, casi con precisión quirúrgica.  

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