José Barba Caballero: La mentalidad totalitaria

La mentalidad totalitaria

Lima - Los optimistas creen que este 28 de julio tendremos un Humala sensato leyendo un discurso sensato. Sí, pero también posará como revolucionario y abusará de la demagogia como pocas veces se ha visto en la historia. ¿Cuál Humala prevalecerá al final? Eso dependerá de las circunstancias. En lo que a mí se refiere, estoy en el bando de los pesimistas, y no por capricho, sino porque creo que nadie puede cambiar de la noche a la mañana. Por sus raíces, por su formación y por su trayectoria, Humala no es ni será jamás un demócrata; pertenece claramente al campo del totalitarismo y hacia allí va a querer ir... si se le deja. Cuando un militar no puede defender una posición, sabe que debe retroceder hasta una posición segura que le permita acumular fuerzas para un contraataque. Por ahora, se encuentra en esta situación. De aquí las "concesiones" en el BCR y algunas carteras ministeriales.

Si alguien quiere creerle que va a gobernar con arreglo a las leyes del mercado y dentro de los cauces constitucionales, está bien: ser caído del palto (como el Nobel), y persistir en serlo, es un derecho constitucional; pero no debemos olvidar que la mentalidad totalitaria, por propia naturaleza, no renuncia nunca al objetivo de la dictadura. Al principio se sirve tácticamente de todos, pero cuando la relación de fuerzas cambia a su favor, prescinde de todo lo que le estorba. Quienes, como Toledo, albergan la esperanza de poder condicionarlo, cometen un error: ¡La mentalidad totalitaria es irreformable! Usar, exprimir y, luego, desechar, es lo único que sabe hacer bien un totalitario. A la larga, los únicos que sobreviven en su entorno son los que obedecen, los que responden a su influencia y se inclinan ante ella. Nunca un autoritario podría admitir que la independencia, el espíritu crítico y la honestidad intelectual son virtudes. Por esto, siempre la terminan cag...

Afortunadamente, no es ningún misterio cómo el totalitarismo teje su red: primero apunta al control de las Fuerzas Armadas y Policiales, luego se toma un tiempo para construir mayorías dóciles en las instituciones fundamentales y, finalmente, arremete contra los medios de prensa, que son el verdadero enemigo a vencer. Después todo será fácil, siempre que haya dinero para corromper al populacho. Ojalá me equivoque; pero me basta mirar al personaje para saber que la tentación totalitaria está allí... como los ojos de un depredador en la sombra.

Fuente: Correo (Perú)

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