Gonzalo Prialé y el debate sobre el crecimiento económico

Una vez más el debate económico se centra en el potencial de crecimiento del país. Entiéndase por “potencial de crecimiento” a la capacidad que tiene el Perú para crecer económicamente a un ritmo determinado –muchos dicen que se sitúa por el 6% o 7%–, pero si ese ritmo sobrepasa al limite (como pasó en el 2008 cuando crecimos a tasas de 9 y 10%) podría generar inflación, que es el principal problema de crecer a tasas por encima del potencial económico. Este “potencial económico” está determinado por la infraestructura, mano de obra calificada, calidad de las instituciones, etc. Ejemplo: Si hay pocas carreteras asfaltadas para el traslado de productos de la sierra a la costa, los empresarios utilizaran –de todas maneras –esas pocas carreteras para trasladar su mercancía; no obstante, si todos la utilizan, podrían saturar la vía. Este fue uno de los muchos fenómenos que ocurren cuando se sobrecalienta la economía. ¿Qué deberíamos hacer? La respuesta parece simple: Invertir en infraestructura. Aunque no es tan fácil como parece.

Más de uno habrá escuchado decir a los políticos que si queremos llegar a ser un país de primer mundo tenemos que crecer a tasas de 8%. Sin embargo, crecer a ese ritmo no es posible sin generar malestar con la inflación, que terminaría perjudicando a la gente. ¿Entonces? Por otro lado, si nos conformamos con crecer al 6%, jamás avanzaremos como si lo hace China u otro de los tigres asiáticos.

A todos estos problemas, Gonzalo Prialé (destacado economista peruano) nos muestra algunas posibles soluciones al tema del crecimiento económico:



Recetas con veneno

LIMA Hay economistas que creen que al presidente García le aterra tanto la inflación que basta mencionarla para que cualquier propuesta que hagan se vuelva políticamente aceptable. La moda en estos días parece ser detectar cuellos de botella por doquier, resultantes de un crecimiento insostenible supuestamente originado por un gasto fiscal de poca calidad, que el MEF no logra parar porque estamos en un año electoral.

OK, supongamos que así es, que surgen cuellos de botella cada vez que crecemos por encima del 6% anual, porque las carreteras se saturan, la mano de obra empieza a escasear, etc. ¿Qué debemos hacer? ¿Meter un frenazo a lo Valdivieso? Entonces resulta que somos un país condenado de por vida a tocar techo rápido, por falta de infraestructura, y lo primero que hay que hacer para evitar que rebrote la temida inflación es ¡dejar de gastar en infraestructura! Según estos halcones del déficit, el Perú deberá ser por siempre un país pobre y pequeño con un techo de crecimiento bajo insuperable. Tampoco debemos soñar con un crecimiento inclusivo con obras de primera necesidad en las regiones (ni siquiera hablamos de grandes obras), como escuelas, postas médicas, caminos rurales que, según ellos, son lo primero que habría que parar porque la calidad del gasto es mala y "nadie sabe formular proyectos" en los municipios alejados.

El caldo de cultivo del descontento y el desorden social que afectan la marcha del país es la falta de presencia del Estado. Y lo que proponen estos reputados expertos es parar el gasto en obras metiendo un hachazo de 500 millones de dólares al mes, porque así es pues. Lo grave es que tal hachazo no va a cortar gasto corriente improductivo, sino que va directamente a la yugular de las obras públicas en las regiones.

En vez de imaginar cómo recortar gasto corriente, es decir grasa fiscal, proponen cortar inversiones en obras. En vez de pensar cómo aumentar la recaudación ampliando la base tributaría con una reforma laboral "antipática", proponen frenar la expansión de proyectos mineros y energéticos con mayores regalías a los nuevos proyectos.

Esto es la muerte en vida: parar el gasto en obras, desalentar nuevas inversiones, levantar el costo del dinero. La receta que plantean es completamente recesiva. Prohibido crecer, prohibido salir de pobres.

Al contrario, si se trata de gastar con eficiencia, entonces debiera a) mejorarse la calidad del gasto público, y b) explicitarse una política de cofinanciamientos, autorizándose iniciativas privadas cofinanciadas hoy prohibidas, y digamos que cofinanciando al 20% se podría, con 1% del producto en cofinanciamientos, sacar adelante proyectos por 5% del producto con el concurso del sector privado, sin tener que recurrir a tanto gasto público.

FUENTE: Correo


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