Análisis de la candidatura de Alejandro Toledo


En este 2011 difícilmente nos aburriremos. Los tres primeros meses estarán marcados por una guerra de grandes dimensiones entre los diferentes partidos por llegar a la presidencia del Perú. Todo lo que no se ha visto en los últimos cinco años, se verán en estos tres meses. Lo más importante, lo más relevante y lo más escandaloso saldrá a luz en este cortísimo periodo de tiempo. De un momento a otro todos los candidatos, voceros y representantes de cada partido alzarán la bandera de la “verdad” y en aras de la transparencia insultarán, presentaran denuncias, revelaran audios, videos, hijas, hijos, esposas, concubinas, prostitutas y, como podía faltar, escándalos de corrupción. Y es que así es la política peruana: Se guardan lo mejor para el último momento con el fin, por supuesto, de desprestigiar a la competencia y allanar el camino hacia el Palacio de Pizarro.

Empezaremos este año analizando al candidato más polémico: Alejandro Toledo Manrique. Polémico porque su vida está marcada por escándalos familiares (desde su hija Zarai hasta sus sobrinos y hermanos), vicios (licor, prostitutas y buena vida en Punta Sal), politiquería barata e ineficiencia (propuestas sin sustento, promesas incumplidas e incapacidad para gobernar) y demás perlas. No hay nada mejor ni entretenido que observar a un ex presidente.

En su gobierno anterior no se ha visto nada del otro mundo, pero hoy figura en segundo lugar en algunas encuestas y primero en otras. ¿Cómo explicar esto? Básicamente se debe al buen marketing político que viene aplicando, basándolo en promesas bastante discutibles: Precios bajos de productos de primera necesidad, economía estable y aumentos salariales. Como se recordará, el primer gobierno de Toledo gozó de estabilidad macroeconómica y los precios de los comodities en el mercado internacional fueron bastante estables, por lo tanto, los productos que utilizaron ésos insumos también mantuvieron su precio final, el que conoce cualquier ciudadano de a pie. A esto, evidentemente, no se le puede catalogar como un “logro” de su gobierno, sino como un efecto de la coyuntura internacional de aquel entonces. ¿Algún otro logro? Tal vez impulsar el TLC con Estados Unidos, tratado que los economistas y tecnócratas aprueban (incluso yo), pero no la mayoría de peruanos o, en todo caso, se mantienen indiferentes. ¿Dónde están los logros de Toledo? ¿Acaso la carretera Interoceánica? Ni hablar, el estudio de prefactibilidad de la vía fue realizado en el gobierno de Valentín Paniagua, y claro, fue construido casi en su totalidad por Alan García.

Los escándalos han rodeado al ex presidente y todo mundo recordará que: Negó – como Judas a Jesús – a su hija Zarai; en su gobierno se gastó S/542835 en “licor”, ¡Medio millón de soles en Whisky! ; Le llovieron acusaciones de que habría regalado 45 mil hectáreas de tierra a 5 mil soles a su hermano Luis Toledo; La orgia que hizo en el hostal Melody con cinco prostitutas; etc. ¿Entonces? Queda claro que la imagen de Toledo bordea los límites de la ética y la moral.

Lo que resulta grave es que, pese a todo lo dicho y más (porque elaborar una lista de defectos y errores de Toledo me llenaría la agenda por al menos tres días), los peruanos siguen creyendo en él dándole un lugar privilegiado en las encuestas de opinión. Creen, cándidamente, que todo lo que dice lo hará. Pero vayamos a su actual candidatura:

¿De dónde sacó Toledo todo el dinero que sirvió para lanzar su candidatura presidencial? Muchos políticos calculan que habría gastado más de un millón de soles para lanzar los spot publicitarios en horario estelar, y eso que la campaña apenas comienza. ¿Quién lo financia? No han faltado las denuncias que lo comprometen con empresarios chilenos. Y aunque nada está probado aún, no me sorprendería. En el año 2002 Alejandro Toledo recibió un millón de dólares de parte de George Soros, empresario estadounidense de origen húngaro, el más grande especulador de los últimos tiempos (su vida está marcada por acusaciones por tráfico de armas, trafico de drogas y el juego sucio).

¿Entonces? ¿Cómo justificamos su posición en las encuestas? La justificación está en las promesas, que, dicho sea de paso, son –en mi opinión –absurdas. Pero lo más lamentable es que los peruanos creen en su palabra, más por ignorancia y buena fe que por tratarse de Toledo, lo sé. El recuerdo de su primer gobierno donde no había tanta inseguridad como la de ahora y los precios bajos de los alimentos es su mayor activo en estas elecciones. Sin embargo, me permito aclarar algunas cosas:

Alejandro Toledo promete – como los dicen sus avisos – “10 panes por un sol”, o lo que es lo mismo, precios bajos para los alimentos de primera necesidad. ¿Cómo lo hará? Si para elaborar el pan se necesita del trigo, y ese insumo fija su precio en el “mercado internacional”, y si el precio de éste sube, el pan, los fideos y demás, necesariamente, también subirán. Lo mismo pasa con el petróleo, ya que si el precio en el mercado internacional sube estrepitosamente (en el 2008 llegó a 140 dólares por barril y ahora está en 90) el valor de sus derivados, como la gasolina, también subirán, quieran o no. Y lo que puede hacer el gobierno (y Alejandro de llegar a la presidencia) es poco, muy poco, poquísimo. Un presidente no tiene la capacidad para manejar esos temas que se deciden entre la oferta y la demanda de grandes naciones compradoras y vendedoras de comodities (Rusia, China, Estados Unidos, Irán, India, etc). Lo único que se podría hacer es “subsidiar” los productos o “fijar precios tope” (lo mismo que hizo Alan García en su primer gobierno), pero eso significaría sacrificar a la caja fiscal, llegando a un punto donde la situación se torna incontrolable y la economía incluso podría caer en bancarrota.

Alejandro Toledo promete doblar el sueldo de los maestros y profesores. Recordemos pues que durante su gobierno nuestra educación fue una de las peores (como ahora), con la diferencia que en aquel tiempo no se hizo absolutamente nada por mejorarla. Recién este gobierno de Alan García instauró La Ley de Carrera Publica Magisterial, donde el maestro ganará bien siempre y cuando se prepare (con los cursos y actualizaciones que da el gobierno) para rendir un examen que demuestre su capacidad, y los maestros que no aprueben, naturalmente, no podrán acceder a este beneficio. Pero de un momento a otro llega Toledo y dice que doblará los sueldos, ¿Y dónde queda la meritocracia de la ley de CPM? Los docentes estarán contentos con su sueldo y se olvidarán de mejorar sus deficiencias (que son muchas, ya que el Perú está en los últimos lugares en educación). Los que pagarán los platos rotos son los niños y jóvenes que cursan el colegio, y claro, como a Toledo lo único que le interesa es ser presidente, no vacila en lanzar propuestas incoherentes, como ésta.

Alejandro Toledo promete mantener la cédula viva y mejorar la seguridad ciudadana. ¿Con qué cara dice esto? Si él en su gobierno mermó el presupuesto para las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Si hoy tenemos delincuencia en aumento y rebrotes del terrorismo en alianza con el narcotráfico es gracias a que Toledo no hizo nada por mejorar la autoestima de los uniformados. ¿Qué pasó cuando se dio el Andahuaylazo en su gobierno? ¿No fue ahí que Antauro Humala se sublevó? Y cuando el gobierno quiso reaccionar se dio cuenta de que no tenía ni la capacidad para transportar tropas por vía aérea desde Lima ni de mandar tropas desde Cuzco porque carecían de gasolina. ¿Entonces? ¡Cómo se puede creer en Toledo a estas alturas!

La reforma del Estado, una tarea pendiente para el próximo gobierno, no se hizo en el mejor momento: en los años donde Toledo era presidente. Su incapacidad para actuar como jefe de Estado era evidente, pero al menos tuvo la buena cabeza de dejar hacer a sus ministros todo el trabajo, mientras él se divertía en Punta Sal. La reforma estructural del Estado, la reforma en educación y demás no se hicieron por su mala cabeza. ¿Qué nos garantiza que lo hará ahora que existe más presión, más dinero y más intereses de por medio? Dicha reforma es fundamental para reducir las trabas burocráticas, los cuellos de botella, la corrupción y la ineficiencia del aparato estatal. ¿Y Toledo lo hará? No lo creo, por eso, a la hora de votar, tomen conciencia de lo que está en juego.


2 comentarios:

Tico dijo...

bien descarado Toledo para decir que no le gusta el whiski, aunque esto no es nada para la forma como negaba a su hija, yo no se como este inmoral puede estar encabezando las encuetas.

joe lope dijo...

tienes mucha razon al decir que la gente por ignorancia va a votar por el salvaje de Harvard, que lastima por ello, pero asi son la mayoria de los peruanos, pierde la juventud y la niñez

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