Una tarea pendiente: La reforma del Estado


Hoy Aldo Mariátegui publicó una columna que debieran leer absolutamente todos los candidatos (menos Ollanta Humala) presidenciales.

A pesar de haber adoptado un modelo de libre mercado, no hemos sido capaces de reformar al Estado, y ahora –después de casi 20 años – vemos las consecuencias: Mala redistribución de la riqueza, corrupción, ineficiencia en el gasto y la mala administración generalizada en cada rincón del Estado (salvo algunas excepciones).

Hemos tenido varios logros gracias al modelo económico, y pese al aparato estatal ineficiente que tenemos, seguimos creciendo en varios aspectos a saber: Reducción de la pobreza, crecimiento económico, mayor inversión, mayor clase media, etc. ¿Se imaginan cuales serían ahora los resultados de haber tenido un Estado eficiente en los 10 últimos años? Pero gracias a Toledo (que no hizo las reformas pudiéndolas hacer) eso no pudo ser.

A continuación una excelente columna de Aldo Mariátegui sobre la reforma del Estado:

Aldo Mariátegui
LA COLUMNA DEL DIRECTOR

¡Por sólo $4 millones!
26 de Noviembre del 2010

Es evidente para todos que el Estado Peruano es un corrupto elefante paralítico. Desde la desastrosa reconstrucción en Ica hasta estos feos escándalos salariales, es obvio que es un lastre para el desarrollo.

Y no se trata de "más Estado" o de "ausencia de Estado", como los rojos, caviares y socialconfusos repiten como papagayos, sino de una reforma integral para que contemos con un aparato estatal que administre de verdad, rápidamente, sin corruptelas o dilapidando. Como liberal, creo que el Estado es un monstruo al que siempre hay que minimizar en todo lo que sea posible, pero lo que conservemos debe ser siempre músculo.

Desde esta humilde columna abogamos por la reforma del Estado -tema esquivado por Fujimori y Toledo- apenas comenzó este gobierno. Nuestra propuesta de que se contrate a McKinsey -la mejor consultora del mundo- para que plantee y al mismo tiempo gestione en paralelo la reforma (porque se necesita un tercero para hacer cambios; nadie se disciplina solo y es inútil sentarse a esperar un informe final que nadie termina ejecutando) fue acogida por el Estado y la ex ministra Verónica Zavala negoció con ellos y le hicieron una propuesta por $4 millones. ¡Era muy poco dinero para todo lo que se iba a ganar a cambio! Y ojo, McKinsey era nuestra favorita, pero también dicha tarea la podían hacer otras de su vuelo, como BCG o Bain (el resto ya no tienen el mismo nivel de excelencia). O incluso asociarlas para la tarea.

Aquí vino lo increíble: ni al muy competente ministro Carranza ni al presidente García les gustó la idea y a este último se le ocurrió soplarle la pluma -¡vaya Dios a saber por qué!- a la Confiep y le solicitó a este gremio que sus miembros sean los que paguen los honorarios de McKinsey. Si bien era absurdo que el Estado le pase el sombrero al sector privado por un gasto que le compete a él, para los empresarios hubiera sido un magnífico negocio que por fin el Estado, su principal obstáculo para crear riqueza, quede en manos de un personal trainer que lo reforme. Desgraciadamente, nuestro empresariado demostró una vez más no estar a la altura de las circunstancias, así que la combinación de sus eternas miopías y avaricias provocó que rechace toda idea de meterse la mano al bolsillo para hacer esta revolución (me contaron que mi amigo Gonzalo Prialé fue uno de los que más se opuso). Les encanta traer invitados, hacer paneles, tomarse fotos, sacar folletos y parlotear en estrados, pero nada de poner un mango. Y no sé qué mella le podía hacer a los grupos Romero, Brescia, Benavides y Hochschild poner un millón cada uno si no se podía hacer una colecta masiva entre los agremiados. Como bien describió el carácter nacional aquel militar británico que la reina Victoria destacó como observador a la Guerra del Pacífico, "los peruanos saben que hay un problema y hablan mucho del problema, para luego echarse a esperar que alguien se los arregle".

Ante esta obtusa negativa empresarial, a García no se le ocurrió mejor idea que encargarle a Verónica Zavala esta tarea. Bueno, ya su floja gestión en Transportes revela lo poco idónea que era para tal empresa. Se limitó a fusionar unos cuantos organismos públicos descentralizados y allí nomás acabó su empeño. Como en su solución para la autopista Prialé, donde hizo un puentecito y se dio por satisfecha. Y una persona sola, por más capaz que sea (que no era el caso), jamás iba a tener éxito. De otro lado, Carranza se entusiasmó con el índice Doing Business del Banco Mundial, y es cierto que se ha avanzado bastante en base a este índice, pero el tema es mucho más de fondo. No sólo se trata de que sea algo más fácil hacer negocios. También se creó "Servir", pero éste ente ha capacitado a poquísimos gerentes públicos. Tampoco se ha revisado la profusa política salarial (lo que ha originado estas millonarias criolladas) y una iniciativa valiosa como "PerúCompras" no pasó de una promesa.

Al Congreso jamás le interesó el tema. Sería mucho pedirle a su mediocridad. Y ningún candidato presidencial tampoco lo enfoca, como tampoco se les preguntó por esto en la CADE. Por $4 millones... Qué cagón todo, ¿no?

Fuente: Correo (Perú)

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