Álvarez Rodrich y la política pacharaca


En mis épocas de escolar, hace poco nomas, yo tenia un compañero de clase (un conocido) que utilizaba la palabra “pacharaco” muchas veces. No entendía por qué empleaba siempre esa palabra, pero si pude imaginar que no era algo bueno, dada la expresión de su rostro y los gestos que hacia al mencionar dicho término.

Ahora que Álvarez Rodrich menciona esta palabra, me hizo recordar aquellos momentos. Hasta donde entiendo, pacharaco denota a aquella persona sinvergüenza que espera todo regalado (ósea medio Perú), y que vive sin mérito propio (un parásito). También, mencionan por ahí, que esta palabra proviene de pacha, que en quechua significa tierra. ¿Alguna relación? No estoy seguro que la haya, pero aún no la estudio a profundidad, la estudiaré, ya sale…

Plenamente identificado con lo expuesto por Álvarez Rodrich. El chiste esta fenomenal y, sobretodo, la posición con respecto al ex ministro es de lo más centrada y objetiva. Transcribo, a continuación, su columna:


Política pacharaca

El escándalo de Allison y la reacción de Alan García.

Un chiste que escuché hace años es el del ministro latinoamericano detenido en el aeropuerto de Nueva York porque le encontraron en la maleta US$ 5 millones no declarados, y un amigo que lo visitó en prisión le preguntó por qué no sacó el dinero ‘poco a poco’, ante lo cual respondió “¿Y qué crees que estaba haciendo, mano?”.

Lo que no es chiste, en cambio, es la penosa situación actual del ex ministro Francis Allison, hoy detenido en Miami, junto con su esposa, por no declarar a la autoridad aduanera US$ 30 mil de los US$ 50 mil que llevaban en la cartera y el saco.

Allison explicó ayer, en RPP, que no declaró el dinero por error, y que el mismo –proveniente de ahorros depositados en Estados Unidos– lo traía al país para vivir ahora que está desempleado. Agregó que la cuenta bancaria está a su nombre –lo que implicaría que no hay voluntad de ocultamiento–, que no comprometería a su esposa en un delito, que el dinero no estaba oculto sino en una cartera y en el saco, y que anteayer él y su esposa pasaron airosos la prueba del detector de mentiras.

Quedan pendientes, sin embargo, precisiones relevantes que van desde el origen del dinero hasta la explicación de por qué transportaba un monto tan elevado en efectivo y no por un banco, ya sea por seguridad como por el hecho de que, dada su trayectoria política, y por haber sido vinculado a cobros no bien aclarados con la chuponeadora Business Track, él tenía la obligación de actuar con la máxima transparencia.

La palabra la tiene ahora el juez de Miami que verá el caso y resolverá en unos meses. Pero, mientras tanto, el hecho tiene obvia repercusión política en el Perú, al punto que, ayer mismo, el presidente Alan García prácticamente lapidó a Allison.

Sin duda, su gobierno se enloda por el hecho de que un ex ministro suyo se vea envuelto en este escándalo, pero su veloz y dura reacción sugiere que, o el presidente sabe ‘algo’ que el resto (todavía) no sabemos, o que se está curando en salud.

Porque, para ser objetivos, así no fue como el presidente García reaccionó cuando se revelaron indicios sólidos de corrupción como los de su compañera Tula Benites, cuando sus secretarios y medio gabinete –premier incluido– fueron a la suite del pirata dominicano, o ahora que se sabe que casi toda la dirección política de su partido se conforma por empleaditos, socios o mantenidos de esa cosa tan rara que es Alas Peruanas.

Todo lo que estamos viendo constata que, a diferencia de Estados Unidos, donde no se puede mentir fácilmente, la ley es la ley y se aplica el caiga quien caiga; en el Perú se cumple lo de al amigo todo y al enemigo la ley, y la política funciona con códigos de pacharaca, con gente dispuesta a que se los levanten por un sencillo, un viajecito o un terrenito.

FUENTE: La República


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